Pasado femenino perfecto
Muchos fueron los especialistas (Johann Jakov Bachofen, James Frazer,
Robert Briffault, Jane Harrison, Margaret Murray, Merlin Stone, Barbara G.
Walker, Elizabeth Gould Davis y Maria Gimbutas, entre otros) criticados por
decir que la civilización fue creada por mujeres hace unos 800.000 años y que luego
estas sociedades fueron destruidas por tribus patriarcales hace unos 7000 años.
Por regla general, la voz y los descubrimientos de las mujeres científicas se
ha ignorado y vuelto invisible de manera infame por
los científicos varones, y como esta teoría fue muy estudiada por mujeres,
jamás pudo salir a la luz. De todos modos, aún persisten algunas sociedades
matriarcales de sirenas, como los Minangkabau de Sumatra, con unos 4 millones
de habitantes. En ciertas partes de China, Corea y en Kerala (India) hay unas 150
comunidades matriarcales de las que se sabe poco y nada porque no les interesa
a los medios que sean conocidas. Lo más sugestivo es que la invasión de romanos
y otros pueblos a estas comunidades acabó con las estatuas de las diosas arrojándolas
al mar. En muchas ruinas arqueológicas de Israel se encontraron estatuas a la
diosa Asherah escondidas debajo de las casas, como si hubiesen sido prohibidas
durante la dominación de los romanos.
La historia que nos hicieron creer es que pasamos del hombre de las
cavernas a las pirámides de Egipto. Y llenaron esa historia de dioses varones,
evitando que se sepa que durante decenas de miles de años hubo civilizaciones
organizadas, con bellos monumentos, donde las diosas eran mujeres.
Diosas y sirenas
son los restos mitológicos que nos unen con un pasado donde las mujeres eran
importantes, reverenciadas y cruciales para el bienestar de la sociedad.
Olvidamos cuan pacífica, amorosa y cooperativa puede ser una comunidad
femenina.
Las sirenas nos
señalan un pasado matriarcal, nos muestran la fuerza e inteligencia de las
felices buceadoras cantarinas; su independencia y capacidad de alimentar a
todos los suyos y nos exhiben cómo una sociedad liderada por mujeres podría
resolver los problemas de un mundo como el nuestro, violento y codicioso,
dominado por hombres. Pero el status quo
patriarcal quiere hacernos creer que estamos mejor bajo el dominio de varones,
y promueve entonces la “mentalidad de esclava” entre las mujeres. Así como la
esclavitud fue abolida en Estados Unidos en 1863, muchos afroamericanos siguen
sintiendo que no merecen privilegios y creen ser el último eslabón de la
sociedad. Tienen la certeza de que, hagan lo que hagan, no tendrán chances nunca
de salir de ese rol de dominados. Algo similar nos sucede a las mujeres: hagas
lo que hagas, no vas a llegar a ninguna parte porque mandan los hombres. Se han
esmerado tanto en este dominio, que hoy por hoy nos creemos que lo mejor que nos
puede pasar es estar con un hombre y, peor aún, nos han hecho creer que sin un
hombre a nuestro lado no valemos nada… ¡Cuando lo mejor que le puede pasar a
una mujer es estar sola y ser feliz en una hermandad de mujeres activas y
poderosas! Una hermandad de sirenas: lo que siempre hemos sido.
En su libro Dios nació mujer el investigador español
Pepe Rodríguez nos recuerda: “La explotación —como cazaderos y/o como lugares de
residencia— de las zonas próximas a las aguas, por ejemplo, unió para siempre
la necesaria presencia protectora de la Diosa con ese tipo de entornos (…) Tanto
las diosas de la generación y la fertilidad paleolíticas ¾como las diosas de cualquier
otra cultura posterior, incluida la Virgen católica¾ estuvieron para siempre simbólicamente
asociadas al agua y sus propiedades, tal como demuestran sus representaciones
iconográficas en las que siempre se las sitúa en el mar, junto a ríos o fuentes
o con un cántaro de agua en las manos.” Las diosas mujeres siempre se mostraron
como sirenas, en el medio natural femenino por excelencia: el agua.
Como hundir un corcho
Si estamos vivos, es porque
en la antigüedad las que mandaban sobre la organización de la sociedad eran las
mujeres. Los hombres de Neardenthal fueron una raza mucho más fuerte y grande
que el homo sapiens, pero se
extinguieron porque dominaba el macho que les quitaba la comida a las mujeres y
a los niños. Si el homo sapiens sigue
vivo es porque prorizó alimentar a las mujeres y a los niños… ¡porque ellas
mandaban! Que murieran los hombres no era un problema para la supervivencia, ya
que un solo hombre puede preñar a muchas
mujeres. Una sociedad matriarcal, donde se prioriza el bienestar de las mujeres
sobrevive mucho más que una patriarcal y violenta.
Hace unos 7000 años que el hombre domina la sociedad gracias
a sus enormes esfuerzos por debilitar a la mujer y evitar que tenga poder.
Hasta hace poco tiempo, la mujer se
acostumbró a no votar, tener prohibido comprar o heredar bienes, ser excluida
de universidades, gobiernos y sitios de poder, ser relegaba a los trabajos
domésticos… Deben honrar y seguir al marido al casarse, se la lapida si es
infiel, se la encierra si es desobediente, se la quema viva si falta a su hombre en la India, se
le atan los pies en China para que no camine, se les llena el cuello de aros de
bronce en Laos para que no escapen, se les cose la vulva para que no gocen
sexualmente, se las obliga a ocultar su rostro y su pelo o a usar ropa incomoda
para que no puedan moverse ni correr. ¿Por qué tantas restricciones para
someterla si es natural que manden los machos? Tantas prohibiciones y castigos
para la mujer sólo indican una cosa: que no
es natural que la mujer sea el sexo sometido. Lo que dice la Biblia, el
Corán y el Talmud contra la mujer, sumado a las 700.000 mujeres inocentes
quemadas por brujas en el Medioevo y hasta entrado el siglo XVIII, son modos
vanos de intentar borrar siglos de adoración hacia la mujer. Y estos hechos
sólo muestran el terror que le tienen los hombres al poder de las mujeres.
Poder que imperó durante milenios, en el reino de las sirenas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario